Pedacito de amor delirante, colgada en tu cuello un sábado de lluvia a las cinco de la tarde.
Sabe Dios como me cuesta dejarte.
Es que hoy se me agotó la esperanza, porque lo que queda de nosotros ya no alcanza.
Cuantas veces he querido hacerlo bien y peque por hablar demasiado.
No saber dónde ni cuánto.
Todos estos años caminando juntos, ahora no parecen tantos.
Sabe Dios todo el amor que juramos, pero hoy nada es lo mismo.
Ya no vamos a engañarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario