Llegaste con un cigarrillo encendido en una mano y arrastrando un bolso bordado multicolores en la otra.
Sonriendo, perfumada y preciosa, como son preciosas las chicas a tu edad. ¿Quince años, dieciséis?
Te sentaste en el sillón al lado del mío, y la luz le sacaba como chispas a tu pelo. Un pelo largo, suave, ligeramente rizado. Te pusieron una capita blanca y te preguntaron:
–¿Vas a cortarte, no? ¿Bien corto?
–Bien corto.
Yo miraba cómo caían los mechones al piso, y tu cara de nena se volvía, por obra de una voraz tijera, en la cara de una señorita.
Me dieron ganas de decirte que no. Que no lo hicieras.
Que apagaras el cigarrillo, que no te cortaras el pelo, que no crecieras tan rápidamente...
Pero estabas apurada por crecer... y se me ocurrió que lo mejor, lo único posible, era decirte qué es crecer.
Lo desconocido provoca temor, inseguridad y desconfianza. Y esas tres cosas provocan en nosotros reacciones agresivas. Es por eso que tantas veces te descubriste obrando con una violencia que no era tuya, que no reconocías y te dejaba un gusto amargo en la boca.
Estás recorriendo el camino más difícil de la vida de una persona. Aquella nena arropada amorosamente por mamá, con voz cariñosa narrándote un cuento, pidiéndote que mires hacia ambos lados antes de cruzar la calle, recordándote que lleves un pulóver por si refresca, convenciéndote de que tomes toda tu taza de leche, que completes tus tareas del colegio...
¿Dónde está? ¿Dónde está aquella nena que preguntaba a cada momento qué me pongo, qué digo, puedo, por qué?
Ha dejado de ser pequeñita. Tiene unos centímetros más de altura que mamá. Se siente un poco incómoda con ese cuerpo que le queda grande, tan grande como el mundo contradictorio que la espera ahí afuera.
Creés que los grandes son incapaces de comprenderte...
Porque tampoco vos te comprendés. Porque tampoco vos ves con claridad, y esa nebulosa en la que estás sumergida te vuelve torpe y te angustia.
A medida que pasen los días se acercará el tiempo en que seas vos solita, con tu propio criterio y experiencia, la que tengas que tomar tus propias determinaciones.
Tal vez eso sea lo más difícil de crecer: Tener que asumir nuestros errores sin poder echarle la culpa a los demás.
Yo te confieso que cuando tengo que tomar una determinación importante... me exaspero, me pongo irascible y malhumorada... tengo miedo de equivocarme... de no estar a la altura de lo que los demás esperan de mí...
Sí, yo, que parezco tan segura... (y me tiemblan las rodillas, pongo cara de no me importa y agonizo por dentro).
Tu pelo sigue cayendo. Me consuelo pensando que volverá a crecer.
¿Le gustará a tu mamá, cuando te vea?
Y vos respondés:
–Si le gusta, bien. Y si no, también. Es mi pelo...
Tu pelo! Que todavía hoy es más de tu mamá que tuyo. Porque ella lo cepilló, lo cuidó, se puso tan orgullosa las veces que le dijeron: qué lindo pelo tiene la nena. Y se me ocurre que a veces habrás discutido, le habrás gritado que estabas esperando el momento de poder irte a vivir sola, o con una amiga, y ella te habrá contestado que también, que ojalá.
Y las dos mirando hacia otro lado para que a ninguna se les descubrieran las lágrimas poniendo brillo en los ojos...
Ya cesó la lluvia de pelo.
¿Te queda lindo?
Sí, te queda lindo. Tengo que admitirlo.
¿Estás apurada por crecer?
Crecer es... mirar a nuestro alrededor viendo a los demás, tratando de entenderlos y de quererlos aunque a muchos no podamos admirarlos.
En la infancia el cariño siempre iba unido a la admiración (El valiente abuelo, y la madre todopoderosa y el papá invencible)
Pero en la adultez, el cariño va unido a la comprensión y a un poco de resignación, o de piedad... Crecer es perder un cielo de estrellas salpicadas y ganar un cielo con constelaciones matemáticamente ubicadas.
Todo está, pero de otra manera.
Para conservarlo hay que creer con una fe vigorosa. Muchos te dirán que hay que ser desconfiado. Yo te ruego que no...
Siempre abrí mi corazón de par en par, y aunque muchas veces entró la ráfaga gris de la tormenta, muchas otras entró todo el sol, todo el olor a mar de los veranos, el sonido necesario de las voces queridas...
Si desconfías, tal vez te salvarás de algunos dolores, pero impedirás que te alcancen tantas alegrías.
Crecer es querer vivir, querer la vida, quererte a vos misma. Si todos, al crecer, amáramos así a la vida y a sus
criaturas, tendrían su destrucción asegurada el odio y la indiferencia.
Y crecer es, también lo que vas a hacer ahora, cuando llegues a tu casa. Decir: mirá mamá, preguntar si le gusta, arrepentirte un poco de haberte cortado ese pelo precioso, y ponerte contenta cuando ella deja de fruncir el ceño y te abrace diciéndote que estás linda, que siempre estás tan linda.
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